Una semana más volvemos a la ciudad, después del fin de semana en el pueblo. Reencontrarse con los amigos y reírse con las tonterías de siempre, porque ''hay colegueo''.
Andar por la avenida mientras escuchas un poco de rock y el viento te corta la cara. El ir y venir de la gente, la dinámica de la gente, su modo de vida, el bus, salir de casa 40 min de hora antes de la hora a la que has quedado...
El pueblo esta muy bien por su tranquilidad, pero la ciudad te envuelve.
Siempre me he considerado una chica de ciudad, la vida ajetreada y las largas distancias me vienen muy bien. Ese ambiente es el mio, me siento bien.
Por otro lado, significa dejar atrás una semana más a la familia, dejar atrás los momentos de no querer hacer nada por estar con ellos. Aunque viva en familia aquí, no es lo mismo.
Cada vez tengo más claro que la ciudad es donde mejor me muevo, y que mejor me mueve ella a mí.
Cada día aquí, se convierte en una nueva página de mi Cuaderno de Bitácora. Cuaderno que estaré encantada de compartir con mis hijos y nietos conforme mis manos comiencen a arrugarse y la artrosis comience a apoderarse de ellas.

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